miércoles, 20 de abril de 2016

lo que puede una actriz


... y está el monólogo en el que María dice lo que le pasa, lo descubre diciéndolo para sí misma, y dice frases que no se olvidan, por primera vez soy yo quien desea, frases que no se olvidan, no por la frase en sí, sino por su lugar en la historia, por quién lo dice, es una frase de un personaje singular en una historia singular, el amor de una mujer de cincuenta años, también importa eso en el cine, de pronto algo es filmado que antes no tenía imagen, y también importa la locura del monólogo, porque sí es una locura, yo no sé si veis el valor que hace falta para jugarse la película en un plano así, y la confianza increíble del director en la actriz, la confianza del director en las capacidades de alguien que no es él, el director no es un dios, el director y la actriz son humanos, son esos seres humanos que ahí se la juegan, o más bien que se dan el relevo, hasta aquí he podido llegar yo con mi escritura, con mi puesta en escena, ahora te toca a ti y sé que puedo confiar en ti, todas esas frases banales sobre el cine como trabajo en equipo aquí las tenéis hechas riesgo, el director solo no puede nada, el director, Guiguet (pero podríamos decir, no sé, Rivette), no quiere poder solo, quiere poder junto con otros, quiere poder con aquellos que fabrican la imagen y el sonido y quiere poder con la actriz, Louise Marleau, porque es actriz, por su trabajo de actriz, trabajo en el tiempo y en el espacio, no sé, estoy escribiendo como si todavía estuviera borracho y no lo estoy, aunque he dormido mal, y me dan ganas de decir algo así como "una actriz no es una musa", una actriz, un actor, trabajan, y ese trabajo, cuando se hace con cuidado y seriedad (aunque sea para hacer reír) es algo muy difícil y Guiguet lo sabe y aún así confía su película a eso, a ese punto en el que él ya no tiene el control, para llegar a un lugar al que no podría haber llegado solo...
(Le mirage, Jean-Claude Guiguet)

(Porque me sigue rondando por la cabeza la discusión y el vino de ayer noche en el cine-club de la Morada.)

lunes, 7 de marzo de 2016

pasaba por aquí


...a menudo las escenas comienzan con Bing Crosby que cruza una puerta, más o menos decidido, a veces ralentizando un poco el paso, echando un vistazo hacia el interior, intentando adivinar qué es lo que pasa, cómo va a ser recibido, como quien tiende la mano para ver si llueve ahí fuera él tiende la mirada para adivinar si llueve ahí dentro, sí, Bing Crosby entra en escena con cara de "pasaba por aquí" y da noticias, asiste a lecturas y representaciones, canta, aconseja, discute, la unidad de base de la película yo diría que son las escenas, es una sucesión de escenas que se toman su tiempo, con sus entradas y salidas, casi nunca vemos una acción breve, ni un encadenamiento de acciones, son más bien teatrillos, encuentros, siempre hay al menos dos personajes, siempre hay intercambio, de ideas, de golpes, de sonrisas, siempre se plantea qué puede uno hacer por otro, cómo puede darle fuerza o confianza, no basta con la buena voluntad, no basta con querer el bien, también hay que acertar con el medio, aquí casi nadie es egoísta y aún así no siempre están de acuerdo en la manera de ayudar a los otros, y así va pasando el tiempo, van pasando las estaciones, porque como muchas de las películas de colegios su unidad de tiempo es la del año escolar, una unidad de tiempo fija que da a las secuencias la libertad de vagabundear de situación en situación, de idea en idea, dejando que rimen perezosamente las situaciones, que se contradigan y se completen, con la sensación de que son esas pero podrían ser otras, adivinando que hay por ahí otras entradas y salidas de Bing Crosby poniendo cara de "pasaba por aquí", discutiendo otras situaciones, resolviendo otros problemas, cantando otras canciones...
(Las campanas de Santa María, Leo McCarey)

tratado de sonrisas



... si me hubiesen preguntado habría dicho que era imposible hacer una película tan cargada de sonrisas, una película donde la sonrisa es casi casi la norma y el rostro serio es la excepción, sí, habría dicho que lo razonable es lo contrario, lo razonable es que el rostro serio sea la norma y la sonrisa sea la excepción, la sonrisa es como las lágrimas, la sonrisa es cosa de momentos privilegiados, yo diría que es lo que suele suceder en la mayoría de las películas, y sin embargo llega McCarey y hace una película repleta de sonrisas, los personajes se hablan con sonrisas, algunas ligeras y llenas de sobreentendidos, otras incontrolables, nerviosas, con los labios temblando, como en el reencuentro de los padres de Patricia, o la sonrisa casi final de Ingrid Bergman al saber la verdadera razón por la que tienen que irse de Santa María, sonrisas nerviosas que son casi como lágrimas, como llanto incontrolable, y que de hecho hacen llorar tanto como hacen sonreír, si tuviese tiempo y ánimo debería de contarlas una a una, destejer este tapiz de sonrisas y ver qué cuentan, sonrisas nerviosas y sonrisas felices, sonrisas bondadosas y sonrisas que nacen con esfuerzo, que nacen para vencer a una pena, como un un coleccionista de mariposas ponerles un alfiler y hacer una descripción de cada una, ver si hay especies y subespecies de sonrisas, ver si hay algo que aprender de eso, y luego volver a tomar distancia, volver a ver la película en su conjunto y ver cómo echan a volar, cómo se alborotan en un aparente desorden, sí, eso debería de hacer si tuviera un poco más de ánimo, un poco menos de cara seria...
(Las campanas de Santa María, Leo McCarey)

contra el raccord



... no sé, ahora que vuelvo a ver algunas secuencias no me parece tan exagerado, quizás sea cosa de la pantalla pequeña, ayer lo vi todo en grande, muy grande y me pareció que había algo singular en algunos de los primeros planos de la película, en algunos de aquellos que iban seguidos de un plano plano más abierto, y es que la expresión de Bing Crosby en el general no era la misma que en el plano cercano, McCarey no le pedía una interpretación general para toda la escena, sino una específica en función de lo que la cámara veía, y cuando la cámara está cerca la cara de Bing Crosby se pone muy expresiva, casi demasiado, casi hace muecas con su boca y con sus cejas, esa cara vista de cerca es todo un cuerpo, todos los músculos actúan, es una cosa así como de cine mudo, creo, cada plano tiene que contar algo nuevo, la cámara no se acerca como un microscopio para agrandar lo que no podría ser visto de lejos sino que para cada plano hay una nueva interpretación, adaptada a esa escala, y ahora mismo no recuerdo muy bien a dónde quería ir a parar con todo esto, solo sé que me parecía muy bien que cada plano tuviese una exigencia renovada, me parecía muy bien esa especie de olvido del plano general al pasar al plano corto, del plano corto al pasar al plano general...
(Las campanas de Santa María, Leo McCarey)

domingo, 6 de marzo de 2016

toda cara



No sé quién preguntaba a uno de nuestros mendigos, 
a quien veía en camisa en pleno invierno tan campante como aquél 
que se cuece con las martas hasta las orejas, cómo podía soportarlo:
 ..y vos, señor, respondió, bien tenéis la cara descubierta; pues yo soy todo cara.
Montaigne, Bresson

...hablando de memoria diría que es una película sobre la educación y sobre la confianza, y también sobre los secretos y sobre las mentiras, las virtudes y peligros de los secretos y de las mentiras, es también una película por la que Bing Crosby se pasea, a veces espectador, a veces interviniendo, y también sale el ángel de Qué bello es vivir (que es del año siguiente), haciendo de amargo capitalista, qué idea más rara, o no, porque el personaje, por necesidades del guión, tiene que cambiar, y al mismo tiempo a la película no le interesa hacer verosímil la maquinación que lo hace cambiar, así que el personaje viene ya cambiado de fábrica, al volverse bueno es como si volviera a su ser, y así las cosas pueden ir pasando a su ritmo, sin forzar, y quizás sea por eso, por la libertad de ir a su ritmo, por lo que es una película sin historia de amor, sí, es una película a la que nada distrae de sus distracciones, las secuencias, más que encadenarse de causa en efecto, van desvelando nuevas perspectivas de dos o tres problemas, las cosas esas que decía del secreto, la confianza y la educación, y en el centro de ese mundo está, flotando, sonriendo, pensando, sufriendo, Ingrid Bergman, que es toda cara y vuelo del hábito blanco y negro, toda rostro sin cuerpo y hay que verla dando lecciones de boxeo libro en mano, hay que ver su juego de pies, sí, hablando de memoria eso es lo que recuerdo, una cara luminosa y un cuerpo flotante blanco y negro, y todo lo que puede pasar por una cara, una cara es algo que no existe de una vez por todas, una cara es movimiento, es la vida que la anima, y quizás había que verla así, sin cuerpo, con un cuerpo flotante de tela, para ver, de veras ver, ese mundo que es una cara...
(Las campanas de Santa María, Leo McCarey)

lunes, 8 de febrero de 2016

si ellos tuviesen un saco de dormir



Antes de verla, Las cuatro noches de un soñador me la había contado mi padre, varias veces, de viaje en coche, de noche en un camping, aunque no la contaba entera, solo escenas, y además algunas de ellas estaban equivocadas, eran de El diablo, probablemente. 
No recuerdo, sin embargo, que me hablase de las canciones, porque Las cuatro noches es casi un musical, canciones apareciendo y desapareciendo en la noche parisina (sibilina).
Oh, oh, chica misteriosa aparecen cantando mientras caminan unos chicos y chicas, guitarra en mano y saco de dormir a la espalda, y eu sou um porto aberto pra canção aparecen cantando como por arte de magia unos músicos en un bateau mouche que tiene luces de nave espacial, e if I had a ribbon bow canta una chica a la guitarra, acompañada por una flauta, bajo un árbol, en la noche de los muelles del Sena, mientras algunos escuchan, otro lee y dos están metidos en sus sacos de dormir, no sé si para dormir ya o porque se está tan bien dentro de un saco de dormir...
La cuatro noches es un musical en el que ni Jacques ni Marthe, los protagonistas, cantan, aunque Marthe se podría decir que baila, casi inmóvil, mientras descubre su cuerpo y en la radio suena quero o meu caminho claro... 
Y Jacques, bueno, Jacques graba a las palomas en el parque y se graba contando sus ensoñaciones, y a lo mejor le habría ido mejor si a esas palabras les hubiese añadido un poco de música.
El mundo canta alrededor de Jacques y de Marthe, un mundo de jóvenes al que ellos no llegan a pertenecer más que un tiempo, de lejos, mirando y escuchando.
Ved cómo pasan por allí. Ved qué paz hay en ese pequeño momento, qué ganas de que se queden un poco más ahí, al borde del Sena, escuchando las canciones, que se apunten a ese mundo de los otros jóvenes, a lo mejor era ese el mundo que andaban deseando, no sé.
Yo creo que se está tan a gusto en esta secuencia por ese tipo que está allí leyendo un libro. Está en su libro y al mismo tiempo está junto a los otros, está en el lugar de la música, y parece que ese fuese el mejor lugar posible para leer.
O a lo mejor se está tan a gusto por esos que están en sus sacos de dormir, reconvirtiendo la ciudad en campo, con un cielo quizás sin estrellas pero con luna, y con barcos espaciales pasando junto a ellos.
A mí esta película me la contaron por primera vez sin las canciones y equivocada, pero entre sacos de dormir, y al volver a verla pienso que si Marthe y Jacques hubiesen tenido un saco de dormir, si se hubiesen quedado en ese lugar, bajo ese árbol, todo les habría ido mejor.
(Cuatro noches de un soñador, Bresson)

domingo, 7 de febrero de 2016

mi mano sobre tu pecho


I speak in answers only
to see them in my mind

Es una película de chistes. Eso ya lo dije.
Es una película de canciones. Eso ya lo diré.
Es una película de cuerpos. Eso lo digo ahora.
No lo digo bien. Es una película de cuerpos que desean y de cuerpos deseados.
Cuerpos que desean cuerpos que pueden ser historias, que son promesas de otra vida.
Marthe con su cuerpo busca el cuerpo del inquilino al que nunca ha visto pero con el que imagina poder salir de su vida actual para siempre.
Jacques va siguiendo por la calle cuerpos alrededor de los cuales luego entreteje fantasías de una vida de melodrama.
...ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe...

Ved la mano de él sobre el rostro de ella.
El rostro de ella es sueño pero también es cuerpo, es sueño hecho piel y carne y huesos.
Lo acaricia como se acaricia un cuerpo.

Antes hubo, y esto es importante, muy importante, el asombro de ella ante su propio cuerpo: espalda, mano, rodilla, pierna, pie... ¡Qué asombro que mi cuerpo sea un cuerpo!

Ahora, en los muelles, de noche, es la mano de Jacques la que se asombra de que el cuerpo de Marthe no sea una idea sino un cuerpo, y aprieta y aprieta, como quien pregunta, ya sabéis, el deseo es una pregunta... 
Y entonces vemos, como no habíamos visto antes, a pesar de su desnudez, el cuerpo de Marthe.
La mano de Jacques lo hace visible de otra manera.
Vemos también el cuerpo de Jacques, vemos ese cuerpo que es todo deseo, todo pregunta.

Aún quedan la mano que baja y, más tarde, en el bar, la mano en la rodilla.
Y luego las historias que vuelven a empezar y las preguntas que se quedan sin respuesta y de todas maneras la respuesta, dicen, no existe.

(Cuatro noches de un soñador, Bresson)