jueves, 18 de diciembre de 2014

mismamente










los lunares se quedan
los hoyuelos se van
parapá parapán






miércoles, 10 de diciembre de 2014

todo lo que pedía






... es un plano muy sencillo y muy bello, hacia el final de Pyaasa, cuando Vijay aparece en el homenaje que he hacen en el aniversario de su supuesta muerte y desde el fondo de la sala canta y cantando responde al mundo que encumbra a los muertos y desprecia a los vivos, quién querría un mundo así, sí, es un plano muy sencillo y muy bello, es Gulab que reconoce a Vijay, que comprende que está vivo y se vuelve sonriendo hacia su amiga Juhi, hay entre ellas una sonrisa cálida, una sonrisa feliz, y luego Gulab apoya la cabeza en el hombro de su amiga, sí, porque Gulab no necesita seguir mirando hacia Vijay, no, en ese momento lo que cuenta es la felicidad de saberlo vivo, no hace falta verlo, no hace falta mirarlo, tan solo saberlo vivo, ahí al lado, o muy lejos, da igual, sí, todo lo que pedía es que estuviese vivo, que estuviese en esta tierra, en algún lugar, cualquier lugar, en este mundo, y que nunca muriese, en ese momento Gulab no espera ni desea nada más, y eso es muy bello, y también cómo su amiga Juhi la mira y apoya la cabeza contra ella, cómo Juhi se siente feliz de la felicidad de Gulab, hay un instante de calidez, de felicidad desinteresada, que apenas dura un instante pero que de pronto nos recuerda que hay otro mundo posible dentro de ese mundo que Vijay quiere quemar, sí, hay un mundo que se puede querer dentro de ese mundo despiadado donde casi todo se compra y se vende, porque es una película desesperada, sí, pero hay gestos así, una sonrisa, una cabeza que se apoya sobre un hombro, hay otra película por debajo, la película de Gulab, una película que nunca se desespera del todo, y en el último instante se encuentran la película de Gulab y la de Vijay, y es un final feliz, hay que verlo, una felicidad hecha de luz y sombra y viento y música, una final feliz muy frágil, apenas dos seres que se alejan, ya se puede acabar la película, no pedimos más, no, sólo saberlos juntos, saberlos vivos, en algún lugar de este mundo, quién querría sino de un mundo así ...

viernes, 5 de diciembre de 2014

un rato así




... es una frase triste, tristísima, de puro amarga y malvada, en una película triste, casi tristísima, El relámpago, de Mikio Naruse, la dice una mujer mal casada y mal encarada cuando le preguntan por qué agobia y se empeña en intentar malcasar a su hermana pequeña, porque no soporto a las que son así, y así quiere decir diferente de ella, quiere decir capaz de imaginar y de desear la vida de otra manera, intentando no dañar ni ser dañada, una vida donde el centro no sean ni los hombres ni el dinero, es una frase triste y malvada, sí, en una película triste y dura, una película de dinero, de préstamos y de seguros de vida, de deudas y de favores, tres hermanas, un hermano y una madre, y los maridos y pretendientes, y el aire entre todos esos personajes, que es un aire hecho de eso, de dinero, de desconfianza y de destrucción, hay que ver el plano en el que una de las hermanas, que acaba de enviudar, al sentir cómo todos a su alrededor piensan en su dinero, sale a llorar sola al callejón, en cuclillas, hasta que la vista de un gatito (sí, sí) le da un breve alivio, un respiro de humanidad, y si la película se queda en triste y no en tristísima es porque se adivina otro mundo, y suena por aquí y por allá una música de piano, hay una inquilina casi sin dinero y que apenas come pero que tiene un tocadiscos, un piano que es como un canto de sirenas invitando a saltar de ese barco que de todas maneras se hunde, y cuando más tarde la hermana que no es así se mude, oirá también un piano sonando en casa de los vecinos, y conocerá a un pianista que tal vez también sea así, pero eso la película no lo resolverá, no, más que la posible historia con el chico importan la visita de una de las hermanas, y luego de la madre, a ver cómo vive ahora la chica, y la sensación de que ellas comprenden el porqué, sí, liberándose la chica consigue compartir con ellas un poco de su visión, y sentimos en ellas un alivio, o un poco de paz, que no sabemos si durará, pero es sorprendente eso, la película no resuelve el problema del novio o no, no lo necesita, ni acaba de resolver ninguno de los conflictos, de pronto importa otra cosa, que la hija haya podido, en lo que dura una tarde, menos, en lo que dura un relámpago, mientras al fondo suena un piano, tras haber llorado mucho las dos, compartir su visión con su madre, hacerle un poco de bien, recordarle que ella también es, puede ser, un poco así...

jueves, 4 de diciembre de 2014

el único único

... y al terminar Sogni d'oro dijimos que qué solo estaba Moretti/Apicella en esa película, que no hablaba con nadie ni nadie de veras le hablaba, qué desesperación había allí, aunque era una desesperación muy divertida, o con mucha gracia, o que a ratos daba mucha risa, una risa de cómico violento, Moretti se liaba a golpes con todo lo que podía, como Chaplin/Charlot en sus primeros cortos, la risa de las patadas en el culo, en guerra con el mundo, a puñetazos y a gritos, Apicella cineasta, Apicella boxeador, te zarandeo antes de que tú me zarandees, por si acaso, y a veces ya ni daba risa, como la secuencia con la madre, que empezaba con risa de bofetadas y acababa con malestar de bofetadas, con risa helada, así no hay manera, claro, de no estar solo, solo y único, ¿único porque solo?, eso dice Apicella, sí, dice que él es entonces el único cineasta de Italia, ni más ni menos, y ahora pienso que no es extraño que Moretti acabase haciendo una película sobre el Papa, nadie debe de haber en Italia más único, y más solo porque único, que un Papa, solo y en el centro del mundo, como se sueña Apicella en Sogni d'oro, solo en su coche rodeado de coches que pitan y pitan, como está solo ante el penalty Apicella en Palombella Rossa, si hasta cuando Moretti hizo una película sobre una familia, La habitación del hijo, la hizo sobre un padre que no sabía ser padre, que se comía todo el espacio a su alrededor, que necesitaba ni más ni menos que la muerte de su hijo para empezar a darse cuenta de que este de veras había existido, para empezar a vivir un poco con los demás, sí, son películas de gente sola, muy sola, y que se lía a golpes con el mundo, y a su lado están los que ya ni siquiera se lían a golpes, está el cineasta que lleva seis años sin rodar, que va de despacho en despacho intentando vender sus guiones, que tiene en mente el cartel tan bonito que hará si por fin vuelve a rodar, y que ya no golpea a nadie, ya solo pide un poco de afecto, que le hablen de otra manera, y ahí también se le hiela a uno la risa, no porque las escenas no tengan gracia, que la tienen, pero tienen aún más tristeza, y entonces uno quiere también liarse a patadas con el mundo, uno quiere al menos tener gracia, sí, a falta de tener esperanza, tener gracia, Apicella sobrevive porque tiene gracia, sobrevive al borde del precipicio donde se acaba la risa, donde el cineasta pingüino se transformaría en el profesor lobo...

viernes, 28 de noviembre de 2014

lo que yo esperaba de la alegría



...quizás porque era de noche e iba en coche hace un rato recordé Lettre à mon ami Pol Cèbe, y ahora hablo de memoria y lo que digo no es fiable, pero se me vino a la cabeza y al cuerpo como un gran abrazo, pensé eso, que cuando tantas cartas filmadas hicimos, pasado reciente, o pasado en curso, quizás habría que haber pensado en dar abrazos filmados, en dar apretones de manos filmados, dar la mano siempre ha sido lo que yo esperaba de la alegría, sí, la carta al amigo Pol Cèbe que tres obreros de Besançon filman, bromean, cantan, recitan, en un coche, mientras cae la noche y vienen recuerdos y deseos y nombres de amigos uno a uno dichos, se me cruzaba con Boris Barnet, con la alegría de Barnet, me pregunté si la película que años más tarde podrían haber hecho los personajes de Barnet,  no sería esa, la carta al amigo Pol Cèbe, la alegría del cine como descubrimiento de otro mundo en este, cálida como el abrigo rojo de la infancia que una y otra vez vuelve en la carta, cálida como el sol rojo y como las luces de la autopista de noche, sí como un abrazo dado de noche, cuando va haciendo frío, y por el que tantas cosas pasan y se dicen, sí, cosas que hacen latir el corazón, cosas para hacer latir otros corazones, no es fácil, en realidad es como un milagro, un milagro posible, un milagro que parece al alcance de la mano, realizable, y por ello aún más maravilloso, porque al verla somos parte del milagro, porque con esfuerzo y atención sabemos que un día puede volver a suceder, y ahora quizás sea hora de volver a verla y volver a oírla, pero sólo quería deciros eso, compartir eso, el recuerdo real o inventado de algo así como un abrazo filmado...

jueves, 27 de noviembre de 2014

Iván, Iván, no abrazas donde debes


... el caballo dice Iván Iván, no golpeas donde debes, y así es toda la primera parte de Arsenal, detener la guerra, detener el ruido de la guerra, y pensar y mirar y preguntarse dónde está el enemigo, saber dónde hay que golpear, no aceptar la guerra que les dan, no aceptar el nombre, ucranianos, que les dan, no, se dicen obreros, no ucranianos, y cambiando la palabra, cambiando el nombre que se dan, cambia todo, cambiar de nombre es cambiar de enemigo, en el tiempo del cine mudo, cuando hasta los caballos hablaban, cada palabra importa, cada palabra puede cambiar la realidad, y cambiando de nombre ven claro al enemigo, saben dónde disparar, y no digo disparar por decir, sino porque en Dovjenko al enemigo se le dispara y te dispara, es un tiempo violento, muy violento, y suceden cosas que no pasan, creo, en otras películas, un burgués con su bigote y sus gafas le grita que se ponga de cara a la pared al obrero que acaba de hacer saltar por los aires la tanqueta Ucrania Libre, para poder dispararle por la espalda, y el obrero se pone de cara la pared, pero luego no, luego se da la vuelta y de frente camina hacia el enemigo, así no eres capaz de dispararme, eh, y le quita la pistola de la mano, pues yo sí soy capaz, y le dispara, al enemigo desarmado, a bocajarro le dispara, y sus razones tiene, pero lo que me importa ahora es que esto, creo, no se ve así en otras películas, siempre habrá un gesto del otro, digamos "el malo", que justifique el repentino disparo del bueno, aquí no, aquí, como en Aerograd, se ejecuta al enemigo, no es un duelo, no, se dispara a un hombre desarmado, en Aerograd, que yo recuerde, dolía, porque habían sido amigos aquel que dispara y aquel que muere, el bueno y el malo, el justiciero y el traidor, y además eran los dos hombres impresionantes, hombres del bosque, y uno habría podido creer que eran ante todo eso, hombres del bosque, más allá de los bandos, pero no, y un amigo disparaba al otro, también el amigo era enemigo, y hará falta otra película, Okraina, de Boris Barnet, quizás, entre otras cosas, el más simpático de los cineastas, para dar la otra cara del problema, Iván, Iván, no abrazas donde debes, saber reconocer al enemigo en el que se dice amigo, pero también saber reconocer al amigo en aquel que lleva el uniforme enemigo, para Barnet lo uno no va sin lo otro, saber decir quizás sea alemán, pero también es zapatero, como yo, y tender la mano, no es fácil, no, y hay también el más lindo y divertido de los cortejos cuando la chica rusa se emperifolla de domingo, se pone colorete en las mejillas y en los labios y se va a ver al prisionero alemán que anda errante por la pequeña ciudad rusa, hay que ver cuantas cosas graciosas es capaz de inventar Barnet con los bancos, sentarse de golpe en un banco, levantarse de golpe de un banco, acercarse de a poquito, si por algo hay que luchar es por la justicia, sí, y también por la felicidad, o por la comedia, la comedia como en Barnet, que es el atajo más rápido para mostrar y compartir la felicidad y volveremos a ella, volveremos a esa risa en tiempos de guerra, volveremos a Okraina...

domingo, 16 de noviembre de 2014

cuando los caballos hablaban

... y el tiempo de Arsenal es un tiempo pobre y duro y de guerra, un tiempo de antes, claro, lo viejo y lo nuevo, que diría Eisenstein, es el tiempo de lo viejo antes de lo nuevo, y hay un plano terrible, el del oficial que camina por el pueblo, se para delante de una mujer cuyo rostro no vemos, cubierta la cabeza por un pañuelo, se para delante de ella y le palpa un pecho, y luego otro, sin más, evaluando, y luego se va, por ese pueblo de hambre y de cojos y de polvo se va, habiendo palpado los pechos de una mujer que ni se ha movido,  hay que ver la manera de no moverse de los cuerpos en Arsenal, la tela de sus ropas ondea con el viento y ellos no se mueven, están en medio de la habitación, de pie, y no se mueven, de dolor o de hambre o de impotencia no se mueven, es en la película el lento prólogo de lo viejo y de la guerra contra el enemigo equivocado, antes de que empiece a aparecer lo nuevo y los cuerpos se muevan y se defiendan, ataquen y empujen, y se lancen los trenes a toda velocidad, hasta descarrilar, no es fácil pasar de la inmovilidad al movimiento, todo se aprende, también a ser maquinista, eso dice el obrero tras sobrevivir al descarrilamiento del tren, seré maquinista, y ahí es donde empieza el tiempo de después, el tiempo de lo nuevo, el tiempo de Arsenal es otro tiempo, es otro mundo, un tiempo en el que los caballos hablan, Iván Iván, no golpeas donde debes, le dice el caballo maltratado al campesino que de rabia e impotencia lo golpea, y luego los caballos volverán a hablar, al galope, estamos con vosotros, amos, les dirán a los revolucionarios, era el cine mudo, que quizás era otro mundo, con otras reglas, un mundo donde los caballos hablaban, al rato llegará el cine sonoro y eso ya no será posible, callarán los caballos y quizás penséis que eso está bien, que los caballos no hablan y que qué falta hace humanizarlos, pero no sé no sé, hasta Godard sueña con un perro que habla, sueña quizás con ese tiempo en el que los caballos hablan y se oyen ruidos, muchos ruidos, y gritos, y disparos, y hasta el silencio se oye, como si al no haber sonido se filmase y se mostrase sin descanso la imagen del sonido, como si su ausencia para el oído lo volviese central para la vista, ver para oír...