martes, 11 de agosto de 2026

el teatro

Se podría empezar por el título. Al fin y al cabo, eso suele ser lo primero que sabemos de una película. Por ahí empiezan, ya antes de haber empezado. La actriz y el poeta. Ese es el título. Cuando leo un título así, el algo y el algo, el esto y la aquella, a veces pienso que eso fue lo primero que se les ocurrió. Empezaron a jugar, juntando palabras varias alrededor de un "y", hasta que de pronto dos de esas palabras hicieron clic. Y entonces, cuando ya tenían el título, empezaron a pensar la historia. O, mejor, empezaron a pensar los personajes y su pequeño mundo, y la historia vino luego. Vino, despreocupada y vagabunda, atraída por los personajes, por su gracia. Es un método tan válido como otro cualquiera. Más películas deberían de surgir así. Películas llenas de aire. Películas juguete. Películas cometa.  

Aquí, claro, la actriz nos trae el mundo del teatro, de la representación. ¿Y el poeta? ¿Qué nos trae el poeta? El poeta es más difícil. Ese es uno de sus problemas, que es difícil decir qué es un poeta, qué es lo que hace. Aquí, el poeta, primero, nos trae el mundo de la infancia. Escribe cancioncillas que cantan los niños. Fabrica juguetes de palabras. El poeta, por otra parte, no puede dejar pasar una ocasión para la ligereza. Si ve una cometa, tiene que hacerla volar. Si mete la pata, lo disimula como puede. Pero la infancia es, también, el no ser capaz de ganarse la vida, el no ser aquel que lleva el dinero a casa. El poeta es aquel que no gana un duro con su arte. Gana, como mucho, cajas de dulces. Así que se pasa el día en casa trabajando como amo de casa, con su delantal puesto, limpiando la ropa, cocinando, yendo a hacer recados y pequeñas compras. 

La película, con la sencillez de lo que parece improvisado, cuenta, apenas, dos días. Y la mañana del tercer día, como coda. Casi todo el primer día lo pasamos con el poeta. A la actriz apenas la vemos. La actriz, en realidad, trabaja bastante fuera de casa. Al estar ausente ella, ¿está ausente el teatro durante ese primer día? No del todo. El mundo que rodea a la actriz y al poeta está lleno de cotillas y de gorrones. Y de cotillas gorrones. Se podría decir que, en el título, esos cotillas gorrones son el "y", aquello que está entre el poeta y la actriz, aquello que los separa un poquito, que descuadra un poco su relación y que provoca el poquito de drama que hay. Esos cotillas gorrones son, a su manera, teatrales. 

Los cotillas son espectadores. Espectadores creadores. Maliciosamente creadores. Transforman las vidas de los otros en obras de teatro que ven desde afuera. Eso hacen, por ejemplo, con una pareja de nuevos vecinos a los que espían y a los que ven bailar tras las ventanas de papel. Eso hacen, también, con el poeta y la actriz. Es la mirada ajena la que va volviendo incómoda esa relación en la cual el marido, siempre con el delantal puesto, es el amo de casa pero no “el señor de la casa”, y la mujer es la que trae el dinero. 

Los gorrones, por su parte, siempre están actuando. En esta película aquel que quiere gorronear llega siempre con un guion en la cabeza. Ya sea para conseguir dos entradas de teatro gratis o para conseguir ocupar, también gratis, el segundo piso de una casa, los gorrones llegan con las frases ensayadas y con el esquema de por dónde tiene que ir la conversación.  A veces, el gorroneado, que casi siempre es el poeta, dice las frases que ellos habían previsto y los gorrones consiguen salirse con la suya. Pero a veces el gorroneado no dice las frases previstas y el plan se tuerce. ¡No hay quien trabaje con compañeros que no se saben el guion! 

Los cotillas y los gorrones son una de esas cosas que en la vida no hay quien las aguante y que en el cine tienen bastante gracia. Es como aquellas dos listas de Sei Shonagon, la de las cosas que son más hermosas en la pintura que en la realidad y la de las cosas que son más hermosas en la realidad que en la pintura. Hay cosas que son más hermosas, o más graciosas, en el cine que en la vida, y cosas que son más hermosas o graciosas en la vida que en el cine. En la vida no habría quien aguantase a los vecinos de la actriz y el poeta, pero qué bien verlos y oírlos en esta película y hasta reconocerse un poco en algunos de sus vicios. 

El primer día, el día del poeta que no gana dinero, tiene también otras formas de actuación. Los vecinos invitan al poeta a cenar (aunque con la excusa de la invitación se acaban llevando casi toda la comida que tiene en casa). De la pareja de vecinos, el marido es vendedor de seguros (otro oficio de actores con el guion bien ensayado). Le tocará, empujado por su mujer, salir en plena noche a vender un seguro a los vecinos recién llegados, sin adivinar que estos, en realidad, también están actuando su vida despreocupada. Luego, alegre por la venta, sin saber que en realidad se ha metido en un lío, él y el poeta beben. Beben muchísimo. Y actúan: cantan, bailan, transforman escobas en sables samuráis. Actúan por nada, por el placer de actuar. Como los niños cuando juegan, actúan sin que haya dinero de por medio, espectadores de sí mismos. 

El segundo día, la actriz entra realmente en juego. Esa noche tiene ensayo general y está preocupada. No consigue preparar y aprender bien el texto, porque no tiene la experiencia de lo que tiene que representar: una disputa conyugal. ¡Ella y el poeta nunca se han peleado! Aún así, le pide al poeta que le dé la réplica. El poeta, con el texto de la obra en la mano, lee las frases del marido de ficción, para que la actriz, de memoria, pueda decir las suyas. Al poeta pronto se le empiezan a hacer incómodas algunas de las réplicas, porque parecen describir su vida misma. En la obra, la mujer lleva el dinero a casa y el marido es un poeta que lo más que gana con sus poemas son cajas de bizcochos. Es tan parecido a la vida real que el poeta no quiere que les oigan ensayar los vecinos, porque se va a pensar que es una pelea de verdad. 

Ensayando la escena, llegan a hacer como que se golpean. Ahí llega el amigo gorrón e intenta separarlos, sin darse cuenta de que es una ficción. Luego se lo explican. Entonces, el amigo va a lo que venía. Le dice al poeta que ha decidido mudarse al piso de arriba de ellos y que ya les pagará cuando gane un premio con una novela que está escribiendo. Él no lo sabe pero el poeta alucina: ¡es tal cual la situación de la obra! Cuando el amigo se va, la actriz se entera de que el poeta ha aceptado que aquel venga a vivir a la casa. Aunque, en realidad, el poeta no lo cuenta así. Al contarlo, el poeta reescribe el guion de la realidad, diciendo que es él quien se lo ha propuesto al amigo, en vez de admitir que este le ha liado. La actriz y el poeta empiezan a pelearse de verdad, ¡pero lo hacen con las frases de la obra que antes era ficción! El amigo vuelve y los ve pegarse. Pero se sienta a observarlos, como un espectador. Llega la vecina escandalizada y el amigo la convence de que es un ensayo. Y ahí se sientan los dos, encantados de asistir gratis a un poco de teatro.¡Escenas gratis! ¡Escenas de un matrimonio! ¿No es toda pareja, a ojos de los demás, una pequeña compañía teatral?

Finalmente, la actriz y el poeta consiguen convencer al amigo y a la vecina de que esta vez la pelea era real. La actriz, por su parte, parece cambiar de actitud respecto al poeta y dice que ha comprendido que, aunque sea ella la que lleva el dinero a casa, él es” el señor de la casa”. Y, a la mañana siguiente, le prepara ella el desayuno. Pero, ¿cómo fiarse? ¿De veras ha acabado ya el teatro? ¿No suena todo un poco actuado? Es cierto que todo esto es una película, una película de ficción interpretada por actores, así que ¡de todas maneras están actuando! Pero no es eso lo que digo, no. Digo que hemos pasado del otro lado, que ahora todo lo que vemos, cada palabra y cada acción de los personajes, de la actriz y del poeta pero también de los otros, nos parece un teatro ambulante. Y quizás sigamos sintiéndolo al terminar la película. Quizás nos pongamos a ver las vidas a nuestro alrededor como teatro. Y quizás entonces nos sentemos a mirar y a escuchar, con una sonrisa esquinada, un poco espectadores, un poco gorrones cotillas. Porque, ¿vamos a dejar pasar la ocasión de ver un poco de teatro de la vida? ¡Que es gratis!

(Joyû to shijin, Mikio Naruse)

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