sábado, 10 de julio de 2021

al momento

Es, aunque quizás no lo podáis adivinar en este fotograma, un rodaje. Ahí delante, con la camisa blanca, cronómetro en mano, la script. A la izquierda, el ingeniero de sonido. A la derecha, con un candelabro en la mano, el atrecista. Más a la derecha, el foto fija. Todos concentrados y al mismo ritmo. Por primera vez en este rodaje todos igual de atentos a lo que está siendo filmado, pues hasta ahora parecía que los ajetreos amorosos y prácticos se comían siempre a la película que estaban haciendo. 
Pero al fondo un cuerpo va hacia otro. Parece que van a chocar. El que vemos de frente, con apresurada preocupación, es el productor. Aquel del que apenas vemos un brazo dentro de un jersey verde y blanco es el ayudante de dirección. El productor acaba de irrumpir veloz y agitado en el rodaje, a punto de quebrar el ritmo y la concentración de todos los demás. El ayudante de dirección acude a él para detenerle, para que calme su agitación al menos el tiempo que tarda en rodarse el plano, los pocos segundos armoniosos, quizás un minuto, tan difíciles de conseguir, tan difíciles de proteger en el caos del rodaje. 
Nosotros hemos empezado la escena con el equipo de rodaje, no con el productor, y es uno de los pocos momentos en los que sentimos que esa película que están rodando, "Os presento a Pamela", quizás pueda tener sus momentos de belleza, porque hasta ahora, salvo un par de planos, prometía más bien poco. Así que estamos con el equipo de rodaje y con la sensación de que ahora, por fin, está pasando algo importante. Cuando llega el productor agitado no podemos evitar pensar que aquello que agita al productor no puede ser tan importante, que si se pusiesen en una balanza el motivo de su agitación y la concentración del plano que se está rodando, todo iría a favor de la concentración y en contra de la agitación. Porque además al productor hasta ahora lo hemos visto siempre con una ligereza simpática y al verle agitado si acaso intuimos problemas materiales que está bien dejar de lado por un momento, por unos segundos, el tiempo de un plano que funciona. 
Entonces terminan de rodar el plano y el productor, por fin, puede dar su noticia: uno de los actores ha muerto en un accidente de coche. Cambio de perspectiva. Cambio de medida. De pronto el peso del plano rodado aparece muy leve comparado con la muerte del actor, con la muerte de un hombre. Lo que hace apenas unos segundos era importante se ha vuelto fútil, la importancia de las cosas es siempre relativa y cambiante. 
En esta película hay, creo, constantes movimientos como este. Constantes cambios de importancia. Hay, sobre todo, la importancia de las historias de amor y la importancia de la película que se hace. Alguien quiere renunciar al cine por una historia de amor que va mal, porque el amor y la vida, según ese personaje, son siempre más importantes que el cine. Pero al poco otro personaje consigue convencernos de que en realidad las historias de amor vienen y se van y aunque duelen no pueden gobernarlo todo, no pesan tanto como para renunciar al cine o, más bien, a cierta idea de profesionalidad. En el rodaje todos viven su propia historia pero al mismo tiempo son responsables los unos respecto a los otros, dependen los unos de los otros. Quizás por eso la película que ruedan, "Os presento a Pamela", no tiene que ser muy prometedora. No es el Cine, en plan ideal, lo que es importante, es el cine como profesión, es la idea misma de profesión y la responsabilidad que eso implica, la interdependencia de los unos respecto a los otros. El personaje de la actriz inglesa, Julie Baker, trae con ella esa historia, el ambiguo y complicado aprendizaje de la responsabilidad. De tan responsable que se siente respecto a la continuidad del rodaje está a punto de echarlo todo a perder, de confundir amor y profesionalidad hasta el punto de anularlo todo. 
O quizás "Os presento a Pamela" tenga que prometer poco porque la película también trate de eso, de hacer una película que quizás no sea tan buena como la idea que uno se hacía del cine, como el ideal del cineasta que sueña o recuerda, o recuerda soñando, cómo de noche iba por las calles desiertas para con un bastón robar las fotos promocionales de Ciudadano Kane. Este cineasta que hace "Os presento a Pamela" está ahí, haciendo esa película, porque existen o existieron Welles, Dreyer, Lubitsch, Buñuel, Godard y otros, citados todos en un paquete de libros que recibe, porque existen y existirán las películas que ellos hicieron. Sabe, creo, que la película que está haciendo no está a la altura de ese ideal. Y sin embargo sigue haciéndola, no solo por profesión, por algo más, improvisa diálogos, cambia detalle,s y poco a poco algunas de las escenas que vemos de la película que están rodando mejoran un poco, consigue que algunas, de una u otra manera, estén vivas, tengan algo inesperado, como por ejemplo cierta fría resolución de amor a través de una ventana bajo la lluvia, un diálogo que parecía de telenovela y que de pronto, gracias al tono de los actores y al encuadre, suena diferente.
Quizás esta sea una película sobre cómo saber que Dreyer existe y aún así rodar "Os presento a Pamela". (Y, bueno, no olvidemos que Dreyer renegó, como si fuese mediocre, de una película tan bella como Dos seres.) Quizás esta sea una película sobre, en cierto modo, la banalidad. Tener cierto ideal del cine y cierta idea del amor ("¿crees que las mujeres son mágicas?", va preguntando el personaje del joven actor, y cada cual le da su respuesta) y ver cómo ese ideal choca con la realidad, o cómo ese ideal convive con la realidad. Conseguir que convivan ideal y realidad. No caer en el cinismo pero tampoco negar la realidad, porque quien niega la realidad no pinta nada en un rodaje, que es una sucesión de problemas materiales, ni pinta nada, quizás, en el amor, que tiene que ser al menos cosa de dos y donde no se le debe negar la realidad a la persona amada forzándola a ser un ideal, pero tampoco se debe descreer de lo que de ideal hay en la persona amada. 
Quizás esta sea una película sobre lo que pasa después de la decepción de un ideal. Cómo seguir viviendo, haciendo cosas, amando, cuando ya no se siente que se esté viviendo un absoluto, cuando se acaba el ideal que nos daba fuerzas y entonces descubrimos las fuerzas que nos quedan y aprendemos lo que podemos hacer con ellas. Aprender a vivir tras la decepción. Como dice el director en off: llegada la mitad del rodaje uno siente que la película no estará a la altura de lo que imaginaba y entonces se dedica a cuidar lo que queda, a darle vida a las escenas, por así decir se dedica al cultivo del presente, el presente de cada escena que rueda, intentando que algo, por momentos, vibre, que algo, por momentos, lleve alguna huella de verdad. Aprender a darle el peso justo a cada cosa o, quizás, aprender que el peso de las cosas es cambiante, depende del momento, y que para hacer una película, como para tantas otras cosas, hace falta una ciencia del momento y no de las esencias. 
(La noche americana, François Truffaut)